Sufriendo mientras meditaba
como expresaría mis ideas,
de forma casual encontré las palabras,
esas que en silencio se dicen tan fácil.
Y quise gritarlas, pero queriendo callarlas
y termine hablando como creyéndote incrédula.
Me miraste sin prisas, sin atender a mis miedos,
me dijiste "¡permíteme!" y te alejaste
divagando en tus propias ideas.
Anule totalmente mis pensamientos,
por eso, cuando quisiste escucharme,
al final dije nada
y como si fuera un solo segundo
mi confesión se convirtió en un beso.
Y así me llame a silencio por siempre,
de aquello
que hubiera cambiado tu vida...
por completo.
© Mario Oliva 2013
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