a reposar mi destino,
y se inclino la noche
sobre mis sueños.
Cayeron tres estrellas,
una sobre mis ilusiones
el resto ya no importó,
pero opacaron
inmisericordemente
la oportunidad
de decir sin miedos.
Me interne despacio
en la espesura de la conciencia
y llegue de prisa al momento esperado.
Te ofrecí palabras sin ideas meditadas
que vistieran tu vergüenza.
Me sentiste penetrar en tu mirada
y vibraron tus tímpanos junto a mi voz,
¿que paso después?...
lo he olvidado.
No fueron las frases,
simplemente,
fue la presión del abrazo,
segundos antes
que te escaparas junto a mi
a ese momento eterno
que aun
comienza..
© Mario Oliva 2014
© Mario Oliva 2014
